Hola Hernán, que tal. Tú no me conoces. Yo a ti tampoco,  hasta ayer que leí tu artículo en el mundo.es titulado “El peor oficio del mundo” dedicado a los abogados. Así, en general.  Sin anestesia.

De todos los oficios, el que más me repugna es el de los abogados. Se me hace cuesta arriba entender cómo es posible que todos los abogados no estén presos. Si este mundo fuera realmente justo, debería haber jaulas a la salida de la Universidad de Derecho. Cada vez que salga un jovencito recibido de abogado, con su toga ridícula y su diploma enrollado, habría que cerrar con llave la jaula y mandarlo al zoológico. Que me perdonen las focas.

Oye, yo sé que está difícil la profesión de periodista, está difícil incluso allá, en Argentina.  Supongo que has pillado el truco de expresar tu opinión de forma gruesa y materializado en  melón podrido para llamar la atención. Una especie de youtuber que se dedica a decir caraanchoa a la gente para ganar followers.  Oye, que si te caemos mal todos los abogados tienes un problema porque te caemos mal un montón de personas que ni si quiera conoces ni te conocen. De hecho, he tenido que mirar Wikipedia a ver si te habías hecho tu propia biografía y ahí estabas. Periodista y escritor y en el que destaca su blognovela. Vaya.

Pero mira, majo, te voy a dar información porque creo que has mezclado la invención novelesca con la objetividad del periodista y te ha salido ese Frankenstein de artículo. Decir que en todo juicio hay un abogado que miente y otro que dice la verdad pero que la disfraza es tanto como decir que todos los periodistas se dedican a pasarse por el forro su deontología profesional y se venden al poder establecido, algo que no dejaría de ser una generalidad, una aberración argumental que me describiría si la dijera.

Me preocupa más esa visión infantil de la historia,  donde la gente era feliz y  “había putas y payasos” y entonces surgió el primer conflicto y surgió el abogado para decidir “quien tenía razón”  Pibe, por Dios, que eres escritor, periodista y blognovelista , que eso es el juez, no el abogado.

El abogado surgió para defender a quien el Estado le acusaba de algo, surgió para defender a quien no tenía defensa. El abogado está para argumentar porque muchas veces la vida no es blanca o negra. El abogado consigue que se le meta mano a las cláusulas suelo, el abogado  es,  según la Sentencia de la Sala 1.ª del Tribunal Supremo de 22 de enero de 1930 “no puede admitirse que el Abogado sea únicamente la persona que con el título de Licenciado o Doctor en Derecho se dedica a defender en juicio, por escrito o de palabra, los intereses y las causas de los litigantes, sino que es el consejero de las familias, el juzgador de los derechos controvertidos cuando los interesados lo desean, el investigador de las ciencias históricas, jurídicas y filosóficas, cuando éstas fueran necesarias para defender los derechos que se le encomiendan, el apóstol de la ciencia jurídica que dirige la humanidad y hace a ésta desfilar a través de los siglos”.

Un abogado te defendería si algún Colegio Profesional o algún compañero de denunciara por injurias y posiblemente  llegaría a alegar que existe el derecho a la libertad de expresión y que éste es sagrado. Es sagrado mientras lo que opines no moleste a terceros, claro.

Y posiblemente le tocara mentir, diciendo que estamos ante un artículo creativo, cínico, sarcástico, ácido y de calidad, cuando resulta que ante lo único que estamos es ante una auténtica mierda.

 

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