Escribí esta reflexión allá por 2014 y creo que, aún hoy, es perfectamente aplicable

 

Llevo varios días leyendo posts sobre abogados y sobre esa especie de grito de También tenemos corazón . He ido esperando a que mi web deje de ser machacada por los rusos ( parece una venganza hozmartillera pero no lo es) pero acabo de leer un blog que me ha hecho acelerar esta reflexión después de una semana que no ha sido como para celebrarla. Y a tenor de lo leído en el blog de Hugo de Juan, Director Ejecutivo de Encamina, me ha hecho rememorar esos momentos de la profesión mía amargos.  Aquí el enlace que recomiendo http://blogs.encamina.com/en-las-nubes/2014/09/27/si-los-malos-momentos-sirven-de-algo/

Como se pregunta Hugo ¿sirven de algo los malos momentos?

Pues sí, si que sirven. Al menos en nuestra profesión sí, de hecho más te vale sacarles provecho o hacer algo con ellos porque es una de las profesiones en las que SEGURO que has de tragarte sapos. No llevo tantos años en la abogacía como para ponerme a hablar como un sabio anciano pero, justo porque ahora es el momento de empezar a sangrar es bueno mirar las cicatrices que la profesión deja.

No es fácil ser abogado. No es una llorera, es tal cual. No es fácil. En primer lugar, cuando empiezas, te toca elegir si susto o muerte ( tú solo o irte a un despacho colectivo), a no ser que tengas la suerte de tener un despacho propio o familiar( primero) que tenga clientes ( segundo) y  esto último es lo realmente importante. Si empiezas en un despacho corres el riesgo de pensar que te has equivocado de profesión. Más de 1000 euros brutos no cobras. Por supuesto, no tienes contrato de trabajo así que ahí hay que quitar el 21 % de IVA , la retención de IRPF, unos 140 euros al trimestre de colegiación y si estas en la Mutualidad de la Abogacía tienes que abonar los tres primeros años unos 75 euros al mes que luego pasan a ser 170. Descuenta la gasolina, teléfono y sólo eso en el mejor de los casos.

Así que si te quedan unos 400 o 500 euros al mes date por satisfecho. La cartera de clientes no existe si trabajas para un despacho. En los grandes te cronometran el tiempo que supuestamente has de invertir en un asunto y olvídate de fines de semana y fiestas de guardar. Así que puestos a pasarlo mal, mejor hacerlo por tu cuenta, al menos tú eres tu jefe…si te llega la pasta, claro.

Ahí es cuando llega el siguiente paso. Cobrar. Se ha instaurado una mentalidad por la que el abogado cobra tarde y mal y todo eso consentido por activa o pasiva por el Consejo General de la Abogacía. Y no sólo pasa esto con los clientes privados, el Turno de Oficio al que me incorporé más como voluntario que como método de ingresar algo fijo al trimestre, la Generalitat paga tarde y entre un 80% y un 50% menos de lo que cobraría un letrado según las normas orientativas de honorarios.

Esto es duro, por una guardia haces 6 asistencias al detenido cobras 100 euros (según baremo de 2012, ahora está peor). No me hago una idea del tiempo que puedes gastar atendiendo a 6 detenidos pero a una hora mínimo de asistencia ( sea la hora que sea y el día que sea que para eso estás de guardia) calcular qué es lo que cobras a la hora. Hemos de recordar que esa hora es de un licenciado superior, especialista, que además ha tenido que superar un master de dos años y un examen oficial.

Se pasa mal cuando, conociendo una determinada situación de un cliente, has de cobrarle, parece que esa empatía que se genera entre cliente y abogado, se rompa cuando le dices: son tanto. “¿te tengo que pagar?..yo creía que éramos amigos” . Los que sentimos la abogacía como algo más allá de un método para ingresar dinero y poder sobrevivir, nos toca, muchas veces enfrentarnos a quienes hemos defendido y eso es muy desagradable. En asuntos en los que sabes positivamente que el cliente no nada en la abundancia, más todavía. Pero hemos de cobrar. En la facultad no nos enseñan a eso. Teóricos del derecho que no bajan al fango.

La otra parte complicada de la profesión es que se realiza un trabajo que no se ve. Hace unas semanas me encontré con un compañero que había llevado un asunto penal muy muy complejo en el que se jugaba la clienta la cárcel y el perder a su hijo. Al final el compañero consiguió, con una serie de solicitudes y diligencias en el proceso, que la absolvieran. Al acabo de los meses lo que la clienta recordaba de él es que “era caro” “total para entrar en una vista durante una hora y algo”  . 

¿Les ha pasado eso de acabar de hacer deporte, ducharte, descansar unos minutos y seguir sudando? pues con nosotros pasa lo mismo. El asunto no para cuando cierras la carpeta, vas en el coche a casa pensando, ves la televisión y piensas, por las noches, en vacaciones…le das vueltas. Sobre todo porque tienes en frente a otro compañero que le pasará lo mismo y cuya misión es demostrar que no tienes razón y la tiene él.

Que no te den la razón en un procedimiento, jode. Podría decirlo de forma más fina pero no: jode. Aunque estuviera difícil, jode. Porque desde el momento en el que entras en sala albergas la esperanza de que esa persona con puñetas ( sobre el que hablaremos) te entienda y te de la razón. No depende de ti, depende del Juez. Así que el cliente pone su problema ( patrimonio, matrimonio, libertad, etc) en tus manos y encima depende de otro.

Has de mirar al cliente y decírselo: esto ha salido mal, nos han condenado. y eres tú el que pone la cara, no el juez. Es ese momento en el que esperas que el cliente haya podido tener en cuenta todo eso que no ha visto pero que puede intuir.

Se pasan nervios antes de entrar en sala. Bueno, quizá nervios no sea la palabra, es una mezcla de tensión, ganas, adrenalina, y sí, algo de nervios, claro que sí. Se trata de algo importante, al menos para el cliente su asunto es el ÚNICO asunto aunque se trate de una multa.

El siguiente punto es esa persona que antes he dicho que lleva puñetas: el juez. Si es la primera vez que entras en un determinado Juzgado, no sabes si va a ser hombre o mujer, no sabes qué pensará personalmente del tema y sabes que, pese a que se tenga que ceñir a la Ley, un Juez es persona y sujeto y no objeto y por lo tanto es subjetivo dentro de lo necesariamente objetivo que ha de ser.

No sabes si va a dejarte hablar o no, no sabes incluso si te va a tratar con respeto. Me pasó a mi que un juez me hizo una pregunta sobre los hechos de la demanda, que no acababa de entender, así que le dije que esta parte se remite a lo que dice la demanda. El Juez volvió a formular la pregunta elevando el tono de voz, la formuló igual, así que, si antes no la entendí, en ese momento, mucho menos o igual. Le comenté que no entendía bien su pregunta y que por lo tanto me ceñía a lo que se enunciaba en la demanda. De pronto se puso rojo y empezó a gritarme “¡¡no me haga usted enfadar!! conteste a la pregunta!!   No le hubiera consentido a nadie, a NADIE, dirigírseme en esas formas, ni siquiera a él, en ese momento tu orgullo se enfrenta al interés del cliente y no, no puedes anteponerlo…o no debes, vaya. Al menos no lo hice, debí presentar una queja ante el Colegio de Abogados porque sí. De los agentes que intervienen en estos asuntos los letrados somos los que no hemos opositado. Jueces, fiscales, secretarios, hasta los oficiales lo han hecho y eso, a algunos, les afecta creyéndose por encima del bien y del mal.

Y te encuentras con otros compañeros que sobrepasan los límites de su profesión y se vinculan con su cliente hasta límites que no se debe cruzar

¿Por qué no me dedico a otra cosa? porque mi profesión es apasionante, a mi me apasiona. Y a veces, ganas sentencias y resuelves asuntos, y el cliente paga y paga bien y agradecido, y porque algunos hasta te dicen que descanses el fin de semana que ya está bien de estar tan metido en el asunto. Porque hay jueces que te escuchan, que toman nota de lo que dices, que cuando el testigo o la parte te falta el respeto, el Juez le recuerda a esa persona que la Toga en este caso, implica un respeto, que en el estrado estamos todos ( jueces, fiscales, secretarios y abogados) a la misma altura porque nadie es más que nadie del mundo jurídico. Porque encuentras compañeros que saben que ellos hacen su trabajo igual que tú el tuyo.

Por eso no me gusta ser de los abogados que muerden y que van de infalibles. Si algún abogado te dice “esto está ganado” no te fíes, si te dice que “nunca ha perdido nada”miente. De todas esas cicatrices de “Todos esos malos momentos ”  Sirven, te curten y hacen que si, al día o los días siguientes quieres volver a abrir ese expediente a mirar con detenimiento los documentos, si estás tomando un café con unos amigos y de pronto se te va el santo al cielo pensando en posibles argumentos, lo hagas porque lo que haces, efectivamente, te apasiona. Y la pasión por lo que haces es lo que diferencia al trabajo de la profesión.

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