Desde hace tiempo vengo observando como algunos anuncios de abogados navegan entre la cutrería más absoluta, entre la confusión ( Legálitas es como un seguro jurídico, no un despacho de abogados) o Devuelta ( del grupo Reacciona) donde afirma en su lema “el abogado que sí puedes pagar”.
“El abogado que sí puedes pagar”… ciertamente, el slogan es vomitivo y es un insulto a muchos de los compañeros que intentamos vivir de esta profesión transformada en negocio con la Ley OMNIBUS. Intentamos sobrevivir.
No ya la competencia te hace bajar precios, es que el Estado paga la hora de guardia en blanco de un profesional, licenciado superior, que ha pasado dos años de máster y un examen oficial, la pavorosa cantidad de 1’25 € la hora.
Fascinante. Las normas orientativas de honorarios que es un mínimo, poco a poco se transforma en un máximo inalcanzable cuando el cliente no puede pagar dicha cantidad y toca rebajar y aplazar cobros. “El abogado que sí puedes pagar”.
En España hay según el Consejo General de la Abogacía , 137.447 abogados ejercientes. Según El Confidencial en una noticia de 2012, un abogado de un despacho pequeño puede cobrar entre 15.000 y 20.000 euros anuales brutos. “El abogado que sí puedes pagar”.
Cada vez que oigo esos anuncios recuerdo a mis padres, que iniciaron esta profesión antes de que los mercaderes invadieran el templo, y me viene a la mente aquello que decía el Sentencia de la Sala 1.ª del Tribunal Supremo de 22 de enero de 1930 no puede admitirse que el Abogado sea únicamente la persona que con el título de Licenciado o Doctor en Derecho se dedica a defender en juicio, por escrito o de palabra, los intereses y las causas de los litigantes, sino que es el consejero de las familias, el juzgador de los derechos controvertidos cuando los interesados lo desean, el investigador de las ciencias históricas, jurídicas y filosóficas, cuando éstas fueran necesarias para defender los derechos que se le encomiendan, el apóstol de la ciencia jurídica que dirige la humanidad y hace a ésta desfilar a través de los siglos».

Todo aquello que representan esos anuncios se aleja de ese espíritu y de esa definición. Un abogado debería cobrar bien porque un abogado es un profesional que reúne o , al menos debería reunir, todo eso que ha definido el Tribunal Supremo y con estos “despachos” la abogacía ha acabado transformada en el restaurante de comida rápida del derecho; la McAbogacía: porque ellos tienen el menú que sí puedes pagar.

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